Jovencita codiciosa se entrega a viejo por plata

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La cámara enfoca a una jovenzuela con minifalda, blusa ceñida y tacones de puta barata. Su maquillaje corrido y cabello enredado dan indicios de una noche de parranda sin control. La codicia brilla en sus ojos al mirar al viejo baboso que le ofrece una pila de billetes por unos minutos de placer sucio.

—¿Listo para cogerme, viejo asqueroso? ¡Págame más si quieres ver cómo me abres el culo con tu verga arrugada! —exclama la jovencita con voz ronca y maliciosa, mientras se acerca y le agarra la entrepierna al anciano que jadea por la excitación.

El viejo, con una sonrisa babosa, le responde: —¡Claro, putita! Te voy a hacer mamar hasta sacarte la garganta y luego te voy a coger tan fuerte que no podrás caminar en días. ¡Aquí tienes tu dinero, ahora a cumplir lo prometido!

La jovenzuela se arrodilla rápidamente, saca la pija flácida del viejo y comienza a chuparla con avidez, dejando escapar gemidos de placer falsos. Saliva cae por su barbilla y se mezcla con el sudor que recorre su cuerpo voluptuoso y sudoroso.

El anciano le toma del cabello y la obliga a profundizar las mamadas, provocando arcadas y lágrimas en sus ojos. Mientras tanto, sus manos traviesas se deslizan por debajo de la falda corta, encontrando una concha húmeda y lista para ser penetrada.

Con un movimiento brusco, el viejo levanta a la jovencita y la inclina sobre la mesa, levantándole la falda y mostrando un culo apetecible. Sin rodeos, comienza a culearla con fuerza, sintiendo el calor de su interior y escuchando los gemidos ahogados que escapan de los labios pintados de la chica.

—¡Sí, sí, dame más papi! ¡Métemela toda hasta el fondo! ¡Hazme sentir tu verga en mi concha mojada! —grita la joven mientras sus manos buscan agarrarse a algo para soportar la embestida brutal que está recibiendo.

El viejo continúa cogiendo sin piedad, disfrutando del espectáculo de la joven retorciéndose de placer y dolor. El sudor empapa sus cuerpos, el olor a sexo llena la habitación y el sonido de los cuerpos chocando resuena en el ambiente cargado de lujuria.

De repente, el viejo cambia de posición y coloca a la jovencita en cuatro patas, exhibiendo su culo en todo su esplendor. Sin previo aviso, introduce su verga en el ano estrecho de la chica, quien grita de sorpresa y dolor ante la invasión anal.

—¡Aaaahhh! ¡Me estás partiendo en dos, viejo cochino! ¡Pero sigue, sigue metiéndomela por el culo, quiero sentirte hasta el fondo! —gime la jovencita entre sollozos y gemidos descontrolados.

El viejo embiste con más fuerza, disfrutando del estrecho recto de la joven que se contrae con cada embestida. El dolor se convierte en placer y la chica comienza a mover las caderas al ritmo de la cogida anal, pidiendo más y más.

Los cuerpos sudorosos chocan con violencia, el viejo no puede contenerse más y anuncia su venida con un rugido gutural. La joven siente el semen caliente llenando su interior, provocando un éxtasis indescriptible en medio del acto más sucio y degradante.

Finalmente, exhaustos y satisfechos, caen sobre la cama en un mar de fluidos y desenfreno. La joven sonríe con malicia, sabiendo que ha conseguido su objetivo y el viejo cuenta los billetes con una expresión de satisfacción y complicidad en sus ojos.

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