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La culona no pierde el tiempo. Sabiendo que sus viejos o los de la cuadra pueden llegar en cualquier momento, se tira en la cama, se abre de piernas y con las manos separa esas nalgotas jugosas y duras. Te enseña su ojito rosado y bien apretado, moviéndolo como si te hiciera una muda. «Apúrate, papi, métela ya antes de que nos cachen», te suplica con la voz quebrada de la gana. No hay tiempo para preliminios, solo para clavarle bien duro y dejarle todo el lechazo adentro de ese culo rico antes de que llegue la joda.















