Alumnos pillados cogiendo detrás del salón

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La escuela estaba desierta, todos los alumnos habían salido ya, excepto Lucía y Martín, dos jóvenes cachondos que se escondían detrás del salón de clases. Allí, en ese rincón oscuro y sucio, se desataba una escena de porno casero muy caliente. Lucía, una chica de tetas pequeñas pero culo grande, se arrodillaba frente a Martín, un chico con una verga enorme que palpitaba de excitación.

«¡Mamáme la pija, putita!» le ordenó Martín, mientras sostenía la cabeza de Lucía con fuerza. Ella obedeció sin dudar, abriendo su boca de par en par para engullir esa verga hambrienta. Se la metió entera, sintiendo cómo le rozaba la garganta, mientras él gemía de placer.

La saliva corría por la comisura de los labios de Lucía, sus ojos vidriosos denotaban el placer que le provocaba esa mamada. Martín la cogía sin piedad, moviendo sus caderas con fuerza, haciendo que su verga se deslizara una y otra vez por la boca de la joven.

De repente, Martín detuvo el movimiento, sacando su verga de la boca de Lucía. «Ahora es mi turno, putita. Ponte en cuatro y prepárate para sentir mi verga en tu concha», le ordenó con voz ronca. Lucía, obediente, se colocó en la posición indicada, su culo en pompa esperando ser penetrado.

Con un rápido movimiento, Martín se colocó detrás de ella y la penetró con fuerza. Ambos gemían de placer, disfrutando del sexo amateur desenfrenado. Martín agarraba las caderas de Lucía con fuerza, embistiéndola una y otra vez, mientras ella se retorcía de gusto.

El sonido de los cuerpos chocando resonaba en el callejón, apenas ahogado por los gemidos y susurros de placer. Lucía sentía cómo la verga de Martín la llenaba por completo, haciéndola estremecer de placer en cada embestida.

«¡Sí, así, cógeme duro! ¡Hazme tuya, Martín!» gritaba Lucía entre gemidos, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba rápidamente. Martín aumentaba el ritmo, embistiendo con más fuerza, acercándose también al punto de no retorno.

De repente, Martín sacó su verga de la concha de Lucía y la empujó con fuerza hacia abajo, indicándole que se arrodillara. Sin dudar, Lucía obedeció, sabiendo lo que él quería. Martín se pajeaba frente a ella, con la verga dura y brillante de su propia excitación.

«¡Mírame a los ojos mientras me vengo en tu cara, puta!» ordenó Martín, mientras aceleraba el ritmo de sus pajas. Lucía lo miraba fijamente, excitada por la escena grotesca y vulgar que se desarrollaba ante sus ojos.

Y así, con un gemido gutural, Martín se dejó llevar por el placer y eyaculó sobre el rostro de Lucía, cubriéndola de semen caliente. Ella cerró los ojos y sintió cómo el líquido viscoso se esparcía por su rostro, mezclándose con la saliva y el sudor.

Ambos quedaron jadeantes, exhaustos por la intensidad del encuentro. Se miraron por un instante, con una mezcla de complicidad y deseo en sus ojos. Sabían que lo que acababan de hacer era arriesgado, pero la adrenalina y el morbo los habían llevado a un placer inigualable.

Se vistieron rápidamente y salieron del callejón, cada uno por su lado, con la certeza de que aquella experiencia quedaría grabada en sus memorias para siempre. La adrenalina seguía corriendo por sus venas, el recuerdo de la verga de Martín penetrándola y el semen caliente en su rostro los acompañaría por mucho tiempo.

Y así, entre murmullos y risitas cómplices, Lucía y Martín se alejaron de la escuela, sabiendo que aquel encuentro prohibido solo era el comienzo de una serie de aventuras sexuales que los llevarían al límite del placer una y otra vez.

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