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La «chaparrita ninfómana» se metió al probador de ropa y se puso más caliente que sarten en fogata. La pobre estaba toda mojada y con las ganas de que su macho le dé una buena ración de leña. No podía resistir la tentación de gemir como gata en celo y pedirle a gritos al man que la agarre fuerte y la haga sentir como la reina de la selva. La moto se le encendió y la flaquita estaba lista pa’l aguante, quería sentir cómo el pájaro del novio le taladraba tan profundo que le llegara hasta el alma. Con ese cuerpito de tentación y ese demonio en el cuerpo, la perrita no iba a parar hasta quedar bien cogida y satisfecha como una gatita en celo. ¡Esto sí que es un probador de ropa con mucha tela que cortar!















