Le di una mamada a mi prima antes de la llegada de mis tíos

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La tarde calurosa de verano nos envolvía en sudor mientras nos escondíamos en la habitación trasera de la casa. Mi prima, una zorra insaciable, y yo, un depravado sin límites, nos mirábamos con deseo. Sabíamos que era prohibido, pero la lujuria nos consumía. Entre risas nerviosas, nos acercamos lentamente, nuestras miradas cómplices anticipaban lo que estaba por venir.

Sin decir palabra, comencé a acariciar sus tetas firmes por encima de su blusa ajustada. Ella gemía suavemente, disfrutando de mis caricias. Lentamente, fui deslizando mi mano hacia su entrepierna, sintiendo su calor a través de la tela de su pantalón. La excitación nos embriagaba, y sin pensarlo dos veces, bajé sus pantalones y me encontré con su concha empapada y lista para ser penetrada.

Nuestros cuerpos se fundieron en un torbellino de deseo, ella se arqueaba de placer mientras la penetraba una y otra vez con fuerza. Sus gemidos se mezclaban con los míos, creando una sinfonía de lujuria que resonaba en la habitación. La sensación de sus paredes vaginales apretando mi verga era indescriptible, me empujaba al borde del éxtasis.

Entre gemidos y jadeos, cambiamos de posición y ahora era ella la que se arrodillaba frente a mí, ansiosa por sentir mi verga en su boca. Sin dudarlo, me introduje en su boca húmeda y cálida, disfrutando del placer de una mamada profunda y salivada. Sus labios envolvían mi pija con maestría, su lengua jugueteaba con mi glande, llevándome al borde del orgasmo una y otra vez.

El calor sofocante nos envolvía, el sudor resbalaba por nuestros cuerpos mientras seguíamos entregados al placer carnal. Mis manos agarraban su cabello con fuerza, guiando el ritmo de la mamada. Mis caderas se movían instintivamente, empujando mi verga más profundamente en su garganta. Ella gemía de placer, disfrutando de cada centímetro de mi pija en su boca.

De repente, escuchamos pasos en el pasillo y un grito nos sacó de nuestro trance erótico. Eran nuestros tíos que regresaban antes de lo esperado. Nos vestimos apresuradamente, tratando de ocultar nuestro deseo incontrolable. La adrenalina recorría nuestros cuerpos, convirtiendo la excitación en un juego peligroso.

Nuestros tíos entraron a la habitación, sin sospechar lo que acabábamos de hacer. Intentamos actuar con naturalidad, pero la tensión sexual que se había creado entre nosotros era palpable. Mis tíos no notaron nada fuera de lo común y se sentaron a charlar, ajeno a la lujuria que se había desatado minutos antes en ese mismo lugar.

Mi prima y yo nos miramos con complicidad, la urgencia por continuar lo que habíamos empezado nos invadía. Sin decir palabra, nos deslizamos sigilosamente hacia el baño, cerrando la puerta tras de nosotros. Nos fundimos en un beso apasionado, nuestras manos recorriendo cada centímetro de nuestros cuerpos ansiosos por placer.

Me arrodillé frente a ella, levantando su falda corta y dejando al descubierto su culo perfecto. Sin perder tiempo, comencé a lamer su concha húmeda, saboreando sus fluidos y disfrutando de su sabor embriagador. Sus gemidos se intensificaban, alentándome a seguir explorando cada rincón de su sexo ansioso.

Ella se retorcía de placer, sus manos aferrándose a mi cabello mientras mi lengua jugaba con su clítoris sensible. Sentía su cuerpo tenso, al borde del orgasmo, pero quería prolongar el momento, disfrutando de cada gemido y suspiro que escapaba de sus labios entreabiertos.

La excitación era incontrolable, la urgencia por poseerla me dominaba. La penetré con fuerza, sintiendo cada centímetro de mi verga deslizarse dentro de su concha ardiente. Sus gemidos se mezclaban con los míos, creando una sinfonía de placer que resonaba en el pequeño baño.

Mis embestidas eran salvajes, el sonido de nuestros cuerpos chocando resonaba en las paredes estrechas. La intensidad del momento nos consumía, la necesidad de alcanzar el orgasmo era abrumadora. Mis manos agarraban su cintura con fuerza, marcando mi territorio en su cuerpo tembloroso de deseo.

Entre gemidos y suspiros, cambiamos de posición y ahora era ella la que se arqueaba, ofreciéndome su culo tentador. Sin dudarlo, me adentré en su ano estrecho, sintiendo cada contracción de sus músculos alrededor de mi verga. El placer era indescriptible, el roce de sus paredes anales me empujaba al límite del éxtasis.

Mis embestidas eran más intensas, la sensación de culear a mi prima por el culo me dominaba por completo. Ella gemía de placer, disfrutando de cada embestida que la llevaba más allá de sus límites. El sudor resbalaba por nuestros cuerpos entrelazados, el calor del momento nos envolvía en una espiral de deseo incontrolable.

Finalmente, ambos alcanzamos el clímax, un torrente de placer nos invadió, nuestros cuerpos temblando de satisfacción. El baño en penumbra era testigo de nuestra lujuria desenfrenada, de la pasión prohibida que nos unía en un lazo de deseo incontrolable.

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