1948 views
12 likes
La nena tiene un culo que te hace rezar, y ella lo sabe. Se acuesta boca abajo, mira para atrás con esos ojazos de perra y se jala el hilo de la tanga, dejándole el ojito al aire. «Métemela despacito, papy», le susurra, pero lo que quiere es todo lo contrario. Él se le monta, le escupe la ranura y empieza a meter la cabeza de su verga, poco a poco, sintiendo cómo se abre de a poco. Ella gime, agarrando las sábanas, sintiendo una mezcla de dolor y un placer que la vuelve loca. «Así, papi, así, desgarra mi culo», le pide, y él no se la piensa dos veces. Le clava toda su herramienta hasta el fondo, rompiéndosela a golpes, mientras ella solo puede gemir y temblar, entregada por completo a ese castigo divino.















