Y ahí estaban estos compas bien pedos, echando chelas en la alberca como si no hubiera un mañana. De repente, el calorcito y las copas les subieron de más y comenzaron a manosearse con unas miradas llenas de deseo. Sin pensarlo dos veces, se fueron al vaivén del calor y la libido, desatando una lujuria desenfrenada frente a todos los presentes. Los cuerpos mojados, las manos traviesas, gemidos en el aire y miradas lujuriosas, ¡se armó el descontrol! Entre chapuzón y chapuzón, estos dos amigos no pudieron resistir más y se pusieron a coger como si no hubiera un mañana, con todo y espectáculo para la concurrencia más caliente. Una escena digna de las fantasías más salvajes y los deseos más ocultos, ¡esto sí que es gozar del momento al máximo! ¡Qué rica alberca, ni que nada!

