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La pendejita está más caliente que pava en celo y le pide a su amiga que saque el celular y le grabe mientras se va desvistiendo poquito a poquito. La chamaca se va soltando sueltita como culebra, mostrando sus nalgas paraditas y sus pechugas como dos melones jugosos. Se le nota el conejito mojadito de solo pensar en que la van a ver. La morra se contonea, gime y se toca, ¡qué manera de arder! La camarita no pierde detalle, graba cada curvita, cada gemidito, cada gesto de placer que se le escapa a la nena. ¡Una delicia pa’ los ojos y pa’ las fantasías más calientitas!
El cuarto estaba lleno de un silencio expectante. La adolescente, con un brillo de desafío en los ojos, le sostuvo la mirada a su amiga mientras sostenía el móvil. «Listas?», susurró. Con un movimiento lento y deliberado, cruzó sus brazos sobre el pecho y tomó la orilla de su camiseta. La tela subió, revelando la piel lisa de su estómago y el nacimiento de sus senos. Se detuvo un segundo, saboreando el poder del momento, antes de quitársela por completo. Sus pechos jóvenes y perfectos se quedaron al aire, con los pezones erectos por la emoción. Luego, sus manos bajaron hasta la cintura de su short, mientras la cámara capturaba cada segundo de esa rendición voluntaria, un secreto íntimo que ahora pertenecía a las dos.














