2728 views
4 likes
La jovencita está más caliente que pava en brasa, así que se pone en cuatro patas como gata en celo para que su macho le de una buena porción de verga. Ella mueve ese culo como licuadora en velocidad máxima, ansiosa por sentir cada centímetro del chorizo de su churri. El novio, que tiene más hambre que perro en plato ajeno, no se hace de rogar y se le monta como caballo desbocado, embistiéndola con fuerza y sin piedad. Los gemidos de la morra suenan más fuerte que concierto de rock, mientras el vato la agarra del pelo como si fuera salvaje en celo. Esta parejita no tiene límites, están más calientes que piraña en fiesta de chalanes, y se nota que disfrutan cada segundo de esta cogida salvaje. ¡Una escena digna de recordar!















