Cogiendo a jovencita asistente y qué rica se ve

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La oficina olía a sexo amateur y deseo reprimido. Era viernes, y la joven asistente, una colegiala xxx con coletas traviesas y faldita corta, se pavoneaba provocativamente delante del jefe. Él, un hombre maduro con ansias de verga, no podía apartar la mirada de su culo prieto y sus tetas erguidas bajo la blusa ajustada. La tensión sexual entre ellos era palpable, y la excitación se propagaba como fuego en un bosque seco.

—Qué rica se ve esta putita, ¿no crees? —murmuró el jefe, decidido a cogerla sin contemplaciones.

La joven asistente, sintiéndose embriagada por la lujuria, se acercó seductora y le susurró al oído:

—Estoy lista para que me folles como la colegiala traviesa que soy.

El jefe, sin contenerse más, la tomó de la mano y la llevó a la sala de reuniones, donde la colocó sobre la mesa de vidrio. Sin mediar palabra, comenzó a quitarle la ropa con ansias de pija, revelando su delicada piel morena y sus pezones duros como piedras. La cogida prometía ser épica, llena de gemidos y sudor desenfrenado.

Con un movimiento rápido, el jefe se desabrochó los pantalones y sacó su verga dura como acero, lista para penetrar sin piedad la concha caliente de la joven asistente. Sin previo aviso, la cogió con fuerza, haciéndola gemir de placer y dolor al mismo tiempo.

—¡Sí, dame duro, papito! —exclamó la colegiala, entregada al placer prohibido de esa cogida salvaje.

El jefe no se detenía, embistiendo una y otra vez con furia animal, sintiendo cómo su verga se hundía profundamente en el interior de la joven. Los sonidos de la oficina se desvanecieron, dejando solo el choque de sus cuerpos en un ritmo frenético de sexo desenfrenado.

Entre gemidos y jadeos, la colegiala se aferraba a la mesa, sintiendo cada embestida como un torrente de placer que la arrastraba hacia un abismo de lujuria incontrolable. El sudor bañaba sus cuerpos entrelazados, mezclándose con el deseo ardiente que los consumía.

El jefe, sintiendo cómo el éxtasis se acercaba, decidió llevar la experiencia al siguiente nivel. Sin sacar su verga de la concha húmeda de la joven, la levantó y la inclinó sobre la mesa, preparándose para darle una sesión de sexo anal que la dejaría sin aliento.

—¿Te gusta, putita? —inquirió el jefe mientras penetraba su culo estrecho con determinación.

La colegiala, abrumada por las sensaciones intensas que invadían su cuerpo, solo pudo gemir en respuesta, entregándose por completo al placer que la embestía sin piedad.

El jefe, sintiendo la venida cercana, aumentó el ritmo de sus embestidas, sintiendo cómo el semen ascendía desde lo más profundo de su verga, listo para ser derramado en un torrente de desenfreno y placer absoluto.

Con un rugido gutural, se dejó llevar por el clímax, eyaculando en el interior del culo apretado de la colegiala, quien recibió cada gota de su venida con gratitud y lujuria desenfrenada.

La escena de sexo amateur en la oficina llegaba a su clímax, dejando a ambos exhaustos y satisfechos, con el sabor dulce y amargo del pecado en sus labios. Sabían que aquella cogida prohibida solo era el comienzo de una relación cargada de deseo y lujuria desenfrenada.

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