Calentando a flaquita en el estacionamiento de la uni

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La noche caía sobre el estacionamiento de la universidad, iluminado por farolas tenues que apenas lograban penetrar la oscuridad. Entre los autos aparcados, dos estudiantes se encontraban en plena acción de sexo amateur. Él, un chico fornido con la verga dura como una roca, y ella, una flaquita de tetas pequeñas que ardía en deseo.

—¡Vamos a coger aquí, nena! —dijo él con voz ronca, agarrándola por la cintura y pegándola contra la puerta del coche.

—¡Sí, hazme tuya, quiero sentir tu verga dentro de mí! —respondió ella, con los ojos brillando de excitación.

Con movimientos bruscos y desesperados, él le arrancó la blusa, dejando al descubierto sus pechos firmes y deseables. La tomó con fuerza de las caderas y la hizo girar, presionándola contra la fría chapa del vehículo. Los gemidos de la flaquita resonaban en el silencio de la noche, mientras él acariciaba su culo y la penetraba con rudeza.

—¡Sí, sí, así, dame más, dame duro! —gritaba ella, sintiendo el placer recorrer cada centímetro de su cuerpo.

Entre jadeos y gemidos, la escena de sexo amateur se intensificaba en el estacionamiento desolado. Los cuerpos sudorosos se fundían en un baile salvaje de deseo y lujuria. Él la tomaba con fuerza, embistiéndola una y otra vez, mientras ella se aferraba al capó del coche, entregándose por completo al placer.

—¡Eres una puta caliente, te gusta que te den así! —gritó él, azotando su culo con fuerza.

Ella soltó un gemido agudo, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba con cada embestida. La adrenalina corría por sus venas, avivando el fuego de la pasión que los consumía. Él la tomó de los cabellos y la obligó a mirarlo a los ojos mientras la cogía sin piedad.

—¡Sí, sí, cógeme duro, no pares! —gimió ella, con los ojos llenos de deseo y excitación.

La escena de sexo amateur alcanzaba su clímax en medio de la penumbra del estacionamiento. Los gemidos se mezclaban con el sonido de los autos que pasaban a lo lejos, ignorantes de la intensidad del acto prohibido que se llevaba a cabo entre los estudiantes calientes.

—¡Voy a venirme, nena, prepárate para recibir mi semen caliente! —gritó él, incrementando el ritmo de sus embestidas.

Ella asintió con la cabeza, sintiendo cómo el éxtasis se apoderaba de su cuerpo. Con un gemido gutural, él se dejó llevar por la pasión y se corrió dentro de ella, inundando su interior con su venida salvaje. Los dos se abrazaron, jadeando y sudorosos, disfrutando del momento de intimidad compartida en el estacionamiento de la uni.

Después de un momento de calma, se separaron lentamente, recuperando el aliento y la compostura. Ella lo miró con ojos brillantes, agradecida por la experiencia compartida.

—Eso estuvo increíble, chico malo. ¿Qué tal si repetimos la dosis la próxima semana? —sugirió ella, con una sonrisa pícara en los labios.

Él asintió con una sonrisa, satisfecho por haber complacido a la flaquita en el estacionamiento de la universidad. Ambos se vistieron rápidamente y se despidieron con un beso apasionado, sabiendo que aquella noche de sexo amateur quedaría grabada en sus mentes para siempre.

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