Qué ricas tetas tiene mi prima

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Qué ricas tetas tiene mi prima. Desde que la vi por primera vez con ese escote provocativo en la fiesta familiar, no he podido quitármela de la cabeza. Siempre me ha parecido una zorra, con sus cortas faldas y sus miradas seductoras. Un día, estábamos solos en casa viendo videos estudiantes y de repente, su mano se deslizó por mi entrepierna. No pude resistirme a la tentación de cogerla.

Ella se arrodilló frente a mí, desabrochó mi pantalón y sacó mi verga con ansias. La puta sabía lo que hacía, chupaba con experiencia. Su lengua jugaba alrededor de mi pija, succionando con fuerza. Gemí de placer al sentir su boca caliente y húmeda mamando con intensidad. Le dije que quería ver esas tetas enormes mientras me la mamaba y obedeció sin dudarlo.

Sus pechos saltaron del escote y me volvieron loco. Eran tan firmes y redondos, perfectos para una buena cogida. La agarré de los cabellos y la obligué a ponerse en cuatro patas sobre el sofá. Levanté su falda y descubrí un culo de ensueño. Sin pensarlo dos veces, le aparté la tanga y le di una buena cogida anal. Ella gemía de placer, pidiendo más y más.

La embestí con ganas, sintiendo cómo mi verga entraba y salía de su culo apretado. Los videos de sexo real no se comparaban a lo que estábamos viviendo en ese momento. Sus nalgas rebotaban con cada embestida, sus gemidos llenaban la habitación. Me corrí dentro de ella, llenándola de semen caliente mientras gritaba mi nombre.

Luego de ese encuentro, nuestras citas clandestinas se volvieron más frecuentes. Quedábamos para coger en cualquier lugar, sin importar las consecuencias. Una vez, nos encontramos en el baño de un bar y nos pusimos a coger como animales en celo. Ella se subió a la pileta y abrió las piernas, mostrándome su concha mojada y lista para ser penetrada.

Me arrodillé frente a ella y empecé a comerle la concha con ansias. Su sabor era adictivo, su aroma embriagador. La lamí con pasión, sintiendo cómo se retorcía de placer bajo mi lengua. Después, la puse contra la pared y la embestí con fuerza, cogiendo su chocho con violencia.

Entre gemidos y gritos, nos entregamos al sexo salvaje sin importar quién pudiera escucharnos. Nos daba igual ser descubiertos, solo queríamos seguir cogiendo como si no hubiera un mañana. En un arrebato de pasión, le pedí que me dejara hacerle sexo anal una vez más.

Ella se volteó y se puso en posición, ofreciéndome su culo deseoso de ser penetrado. Sin dudarlo, coloqué la punta de mi pija en su ano y empecé a empujar poco a poco. Ella gritaba de dolor y placer, pidiéndome más mientras su culo se abría para recibirme entero. La sensación de su ano apretado me llevó al límite, y acabé dentro de ella con una venida épica.

Después de esa experiencia, nos convertimos en amantes secretos, explorando cada rincón de nuestros cuerpos con lujuria desenfrenada. Cada encuentro era más intenso que el anterior, cada orgasmo más explosivo. Ya no éramos primos, éramos amantes insaciables que se devoraban mutuamente sin límites ni tabúes.

Qué ricas tetas tiene mi prima, pensaba cada vez que la veía desnuda frente a mí, lista para ser poseída una vez más. Nuestros encuentros prohibidos se volvieron una adicción, una necesidad incontrolable que solo podíamos satisfacer juntos. Y así, entre gemidos, sudor y fluidos, continuamos explorando los límites del placer carnal, sin importar las consecuencias.

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