La vecina del segundo piso, una colegiala xxx que siempre vestía provocativamente, subió a la azotea en poca ropa. Sus mini shorts ajustados dejaban poco a la imaginación, marcando sus curvas de manera descarada. Al verme allí, no dudó en incitarme a un encuentro íntimo con una sonrisa pícara en su rostro.
Mi verga se endureció al instante, ansiosa por coger esa concha jugosa que se insinuaba bajo la tela. Sin pensarlo dos veces, me acerqué a ella con paso firme, deseoso de sentir su cuerpo contra el mío. La adrenalina de la situación solo aumentaba mi excitación, y sabía que ese momento sería épico.
—¿Qué te crees, zorra? ¿Que puedes venir aquí a provocarme así sin consecuencias? —le espeté mientras agarraba sus tetas con fuerza, haciéndola gemir de placer.
Ella respondió con una mirada lujuriosa, provocándome aún más. Sus manos expertas se deslizaron por mi entrepierna, acariciando mi pija con maestría. No pude contenerme y la empujé contra la pared, listo para cogerla como nunca antes lo había hecho.
La colegiala xxx gemía sin control, susurros de deseo escapaban de sus labios entreabiertos. La atraje hacia mí y la besé con pasión, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío. Mi mano exploraba cada rincón de su piel, deseando llegar a su concha húmeda y caliente.
—¿Quieres que te coja aquí mismo, putita? ¿Quieres sentir mi verga dentro de ti hasta el fondo? —le susurré al oído, notando cómo se estremecía de placer.
Ella asintió con urgencia, sus ojos suplicando por más. Sin perder tiempo, bajé sus shorts y me arrodillé frente a ella, listo para saborear su concha como si fuera mi último manjar. La lamí con avidez, sintiendo su sabor a sexo en cada embestida de mi lengua.
La colegiala xxx se retorcía de placer, sus gemidos llenando el aire de la azotea. Con cada lamida, su cuerpo se arqueaba de deseo, pidiendo más y más. No me hice esperar y la penetré con fuerza, sintiendo cómo su concha se abría para recibirme.
La escena era pura lujuria, dos cuerpos unidos en un baile salvaje de sexo desenfrenado. Mis embestidas eran profundas y precisas, haciendo que la colegiala xxx gritara de placer con cada vergazo. El sudor cubría nuestros cuerpos, mezclándose con el deseo y la pasión desenfrenada.
—¡Sí, sí, cógeme más duro! ¡Hazme tuya por completo, sádico! —gritó la colegiala xxx, su voz cargada de deseo y sumisión.
No podía negarme a sus deseos, así que la cogí con más fuerza, embistiendo su concha sin piedad. Cada movimiento era una oda al placer, una sinfonía de gemidos y gritos que inundaban la azotea en un frenesí de sexo desenfrenado.
De repente, la colegiala xxx se giró y ofreció su culo a mi pija, deseando ser cogida por ahí también. Sin pensarlo dos veces, la penetré con fuerza, sintiendo cómo su esfínter se abría para recibirme con ansias. El sexo anal nos consumía, llevándonos a un nivel de placer inimaginable.
Los gemidos se intensificaron, los cuerpos sudorosos chocando en un vaivén de pasión y deseo desenfrenado. La colegiala xxx estaba completamente entregada a mí, suplicando por más verga y más placer en cada embestida. Ambos alcanzamos un orgasmo explosivo, con ella gimiendo de placer y yo soltando toda mi venida en su interior.
La azotea quedó en silencio, apenas interrumpida por nuestra respiración agitada y el eco de nuestros gemidos recientes. La colegiala xxx se acercó a mí, y entre jadeos, susurró:
—Eso fue increíble, vecino. ¿Quieres repetirlo alguna vez más?
Con una sonrisa pícara en mi rostro, la atraje hacia mí y la besé con pasión, sabiendo que nuestro encuentro íntimo apenas acababa de comenzar.














