Encontre a mi prima viciando play y la puse a chupar

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Desde hace tiempo, mi prima y yo teníamos una relación especial. Siempre nos llevamos muy bien y compartimos secretos. Un día, entré a su habitación sin llamar y la encontré viciando play. Estaba tan concentrada en el juego que ni siquiera notó mi presencia. Esa imagen de mi prima absorta en la pantalla, con sus shorts ajustados y sus tetas apretadas en una camiseta escotada, despertó en mí un deseo salvaje.

No pude resistirme y me acerqué sigilosamente. Mi prima finalmente volteó y se sorprendió al verme allí. Sin decir una palabra, me acerqué a ella y sin aviso previo, comencé a sobarle las tetas. Ella se quedó helada por un momento, pero pronto sucumbió al placer. Descubrí que mi prima estaba tan cachonda como yo, así que la empujé hacia abajo y le bajé los shorts, dejando al descubierto su concha húmeda y ansiosa de sexo amateur.

La excitación se apoderó de nosotros y nos desnudamos frenéticamente. Mis dedos exploraron su interior, mientras ella gemía de placer. Quería probar cada rincón de su cuerpo, así que me arrodillé y comencé a lamer su concha con avidez. Sus gemidos se intensificaron y su cuerpo se retorcía de placer. Sabía que la estaba volviendo loca, pero quería más. Quería cogerla como nunca antes.

La giré y la puse a cuatro patas, ofreciéndome su culo en pompa. Sin pensarlo dos veces, me abalancé sobre ella y comencé a cogerla con fuerza. Mis embestidas eran salvajes, haciendo que mi prima gritara de placer. Sentía su concha apretada envolviendo mi verga, cada vez más húmeda y caliente. Esta escena de sexo amateur era tan intensa que parecía sacada de los mejores videos caseros.

Nuestros cuerpos sudaban y gemíamos sin control. El sonido de nuestros cuerpos chocando resonaba en toda la habitación. Quería más, así que la levanté y la puse de rodillas. Le ofrecí mi verga dura y ella no dudó en mamármela con pasión. Sentía su lengua recorriendo cada centímetro de mi pija, succionando con ansias. Cerré los ojos y me dejé llevar por las sensaciones, disfrutando de cada mamada y de cada gemido de placer.

Después de un rato de mamadas intensas, no pude contenerme más y la tumbé en la cama. La penetré con fuerza, sintiendo cada centímetro de mi verga dentro de ella. Nuestros cuerpos se movían al unísono, culeando con una pasión desenfrenada. Mis manos apretaban sus tetas con fuerza, mientras ella gemía de placer. Estábamos completamente entregados al sexo, sin importarnos nada más que el placer mutuo.

La cogida continuaba, cada embestida más intensa que la anterior. Quería verla disfrutar al máximo, así que la puse boca arriba y seguí penetrándola sin descanso. Sus gemidos se mezclaban con los míos, creando una sinfonía de placer. Sentía cómo su concha se contraía alrededor de mi verga, anunciando que estaba a punto de tener una venida espectacular.

Justo en el momento más álgido, decidí llevar las cosas al siguiente nivel. Sin avisar, cambié de agujero y comencé a penetrar su culo con fuerza. Mi prima gritó de sorpresa y placer, pero pronto se entregó al nuevo tipo de sexo anal. Sentía cómo mi verga se abría camino en su culo estrecho, llenándola por completo. La sensación era indescriptible, tanto para ella como para mí.

El sexo anal nos llevó a un nivel de placer desconocido. Mis embestidas eran más intensas y profundas, haciendo que mi prima gimió de placer y dolor al mismo tiempo. Sabía que estaba disfrutando cada momento, a pesar de la intensidad del momento. Continuamos culeando sin frenos, explorando nuestros límites y dejándonos llevar por la lujuria y el deseo.

Finalmente, llegamos juntos al clímax. Sentí cómo mi verga explotaba dentro de su culo, liberando una cantidad impresionante de semen. Mi prima también llegó al orgasmo, temblando de placer y dejándose llevar por las sensaciones. Estábamos exhaustos pero completamente satisfechos. Nos abrazamos y nos quedamos tendidos en la cama, recuperándonos del intenso encuentro.

Esa experiencia con mi prima viciando play y terminando en una intensa sesión de sexo amateur fue algo que nunca olvidaré. Nos había llevado a lugares inexplorados, despertando deseos y sensaciones que nunca antes habíamos experimentado. Estábamos más unidos que nunca, compartiendo un secreto que nos uniría para siempre. Y así, entre besos y caricias, caímos rendidos en un profundo sueño, sabiendo que nuestro vínculo era más fuerte que nunca.

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