Llegando de la prepa, la colegiala tetona se deja follar

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La tarde caía pesada sobre el barrio cuando la colegiala tetona llegó de la prepa, con su minifalda ajustada marcando cada curva de sus muslos sudorosos. La camiseta blanca pegada a sus pechos enormes dejaba entrever los pezones duros por el calor y la excitación de saber lo que le esperaba en casa. Sus pasos resonaban en el pasillo mientras abría la puerta y se encontraba con su vecino, un tipo mayor con una verga grande que siempre parecía estar a punto de explotar de deseo al verla.

—¿Qué tal, putita? ¿Lista para coger como la guarra que eres? —dijo él con lujuria en los ojos, agarrándola del brazo y llevándola directo al sofá. Ella solo asintió, deseosa de sentir esa pija hasta el fondo de su concha húmeda y caliente.

Él le levantó la falda sin miramientos, dejando al descubierto su tanguita mojada, y hundió la cara entre sus piernas, devorando su sexo con ansias de bestia en celo. Ella gemía y se retorcía de placer, aferrándose a su cabello y empujando su vagina contra su boca insaciable.

Después de unos minutos de mamadas salvajes, él la volteó y la puso a cuatro patas, listo para tomarla como una perra en celo. Sin previo aviso, clavó su verga en su culo apretado, arrancándole gritos de dolor y placer al mismo tiempo.

—¡Métemela toda, papi, culea mi culo como si no hubiera un mañana! —gritaba ella, sintiendo cada embestida como un puñal de placer en lo más profundo de su ser.

Los gemidos se mezclaban con el sonido de sus cuerpos chocando, con el olor a sexo impregnando la habitación y el sudor resbalando por sus frentes mientras se entregaban al frenesí del momento. Él la agarraba del pelo y le decía cosas sucias al oído, incitándola a comportarse como la zorra que era en realidad.

El sexo anal se volvía más intenso con cada embestida, haciéndola sentir como si estuviera siendo partida en dos, pero ella lo deseaba, lo ansiaba con cada fibra de su ser. Sus gemidos se mezclaban con los gruñidos de él, su verga golpeando sin piedad el interior de su recto dilatado y hambriento.

—¡Oh sí, así me gusta, dame más duro, más profundo, hazme tuya por completo! —exclamaba ella, entregada al placer más primitivo y salvaje que había experimentado jamás.

Finalmente, él soltó un gruñido gutural y se vino dentro de su culo, llenándola con su semen caliente y viscoso. Ella sintió cada chorro inundando su interior, provocando espasmos de placer que la hicieron temblar de arriba abajo.

Después de un momento de descanso, él la giró hacia él y la obligó a arrodillarse frente a su verga erecta y lista para más. Sin pensarlo dos veces, comenzó a follarle la boca con fuerza, embistiéndola como si su vida dependiera de ello.

La colegiala tetona no opuso resistencia, al contrario, se entregó por completo a la succión voraz de la pija de su vecino, sintiendo cómo esta golpeaba su garganta una y otra vez, haciéndola salivar y jadear de placer.

Los gemidos y los ruidos de succión llenaban la habitación, mezclándose con el sonido húmedo de la mamada desenfrenada. Él la agarraba de la cabeza y la obligaba a tragar cada centímetro de su pija, controlando el ritmo y la intensidad a su antojo.

Finalmente, él no pudo contenerse más y se corrió en su boca, llenándola con su venida caliente y amarga. Ella tragó cada gota de semen sin protestar, disfrutando del sabor peculiar y del aroma embriagador que inundaba su paladar.

Con la respiración entrecortada y los cuerpos cubiertos de sudor y fluidos, se miraron a los ojos y sonrieron, sabiendo que aún les quedaba mucho por explorar y disfrutar juntos en ese encuentro de puro sexo salvaje y desenfrenado.

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