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La amiga putita andaba de calenturienta toda la noche, moviendo ese culo y provocando a los pendejos del grupo. Ahora la tenemos en el medio de la habitación, y es hora de pagar. Uno se la mete por el chocho mientras se arrodilla para chuparle la verga a otro. No hay tregua. La pasamos de mano en mano, como un muñeco de carne, llenándole todos sus agujeros. Le gusta, la zorra, se ríe mientras la llenamos de leche, gimiendo como una perra en celo. La dejamos hecha un desastre, con el coño y el culo bien abiertos y la cara empapada, pero sonrienda, porque al fin consiguió lo que quería: ser la puta de todos nosotros.















