4308 views
13 likes
La morrita mexicana me mira por encima de su hombro con una mezcla de miedo y anhelo. «A mí no, por favor, ahí no», susurra, pero su cuerpo dice lo contrario. La agarro de la cintura, mi polla ya lubrificada con su propio jugo. Apunto el glande a ese anillo cerrado y tan tentador. Empiezo a presionar, lentamente, sintiendo cómo cede, cómo se abre para mí. Un grito ahogado de dolor y placer es su reacción cuando la cabeza entra. Sin darle tiempo a pensar, le hundo el resto, reventándole la colita de un solo golpe. Su cuerpo tiembla, y luego, sus caderas comienzan a moverse, pidiendo más, entregándose por completo al placer prohibido.














