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La jovencita, con el rostro enrojecido y lágrimas en los ojos, se apartó ligeramente. «Espera,» susurró, su voz temblando. «Me duele mucho, me reventaste el culo.» El novio, con una mezcla de preocupación y deseo, la miró, esperando su señal. Con cuidado, ella se movió, tomando el control, guiándolo lentamente, adaptándose a cada sensación. Sus respiraciones se sincronizaron, sus cuerpos se movieron en un ritmo cauteloso, explorando cada límite, cada placer, en su primer encuentro anal.














