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La jovencita, con una sonrisa pícara, se recuesta en el asiento del Uber, sintiendo cómo su cuerpo se llena de deseo. Con movimientos sensuales, se toca, sintiendo cómo el placer la invade. Sus gemidos son suaves, casi imperceptibles, para no alertar al conductor. Con cada caricia, cada gemido, se pierde más en el momento, disfrutando de cada sensación, cada placer. La jovencita, con los ojos cerrados, se imagina escenas de pasión, imaginando cómo sería ser penetrada, cómo su cuerpo se llenaría de placer. Con cada pensamiento, cada imagen, su deseo aumenta, su placer crece. La jovencita, con una sonrisa de satisfacción, se masturba en el Uber, sintiendo cómo su cuerpo se llena de placer, cómo cada centímetro de su piel vibra con deseo.















