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La zorrita de la cuadra nos dejó a todos con la boca abierta cuando nos dimos cuenta de las melonazas que se carga. ¡Qué tetas más grandes, por Dios! Parece que le han crecido en cada manoseada que le han dado. La muy golfa sabe cómo menearlas y chuparlas como si no hubiera un mañana. Verla cabalgar en esa polla con esas ubres bamboleándose es un espectáculo digno de admirar. Y cuando le echan la leche encima, ella sonríe como si le encantara. ¡Quién pudiera ser el afortunado que las palpa y las exprime sin parar!
una jovencita de cabello largo y ojos inocentes se prueba un vestido, su cuerpo tenso por la anticipación. Al levantar los brazos, el vestido se ajusta, revelando sus curvas generosas. Detrás de ella, una amiga, con una mezcla de asombro y envidia, susurra, «No puedo creer que tengas unas tetas tan enormes a tu edad». La jovencita, con una sonrisa tímida, se gira, sus pechos firmes y perfectos, desafiando la gravedad. «Sí, a veces es incómodo», admite, sus mejillas sonrojadas. «Pero también es algo que me hace sentir especial». Su amiga, con una risita, responde, «Especial y muy envidiada, eso seguro». La jovencita se ríe, aceptando el cumplido, mientras se mira en el espejo, admirando su figura, consciente del poder y la atención que sus curvas atraen, sin importar su edad.













